"Para el bien, la necedad constituye un enemigo más peligroso que la maldad."
"En cambio, frente a la necedad carecemos de toda defensa. Ni las protestas ni la violencia sirven aquí para nada; las razones no surten efecto; las realidades que contradicen al propio prejuicio no necesitan sencillamente ser creídas -en tales casos el necio se muestra incluso crítico-; y si los hechos son inevitables, pueden ser simplemente dejados a un lado como casos sueltos carentes de significado. En todo esto, el necio, a diferencia del malo, se siente enteramente satisfecho de sí mismo, e incluso puede hacerse peligroso cuando, levemente irritado, pasa al ataque. Por ello es necesaria mayor precaución frente al necio que frente al malo."
"Lo que podemos afirmar con seguridad es que no es esencialmente un defecto intelectual, sino humano. Existen hombres extraordinariamente ágiles desde un punto de vista intelectual que son necios, y otros intelectualmente muy torpes que no tienen nada de necios. Este descubrimiento lo hacemos con gran sorpresa por nuestra parte en determinadas ocasiones."
"..., a los hombres se les vuelve necios, o ellos se dejan transformar en tales. Observamos, además, que las personas introvertidas y solitarias muestran con menos frecuencia este defecto que aquellas personas y grupos humanos con tendencia a la sociabilidad o condenados a ella."
"Si ponemos mayor atención, observaremos que todo fuerte desarrollo externo del poder, tanto de índole política como religiosa, trata a gran parte de la humanidad de necios. Incluso parece que esto sea una ley psicológico-sociológica. El poder de unos precisa de la necedad de los demás. Y no se llega a una situación por el hecho de que determinadas facultades del hombre -por ejemplo las intelectuales- se atrofien o queden anuladas súbitamente, sino porque el hombre queda desprovisto de su independencia interna bajo la abrumadora impresión del despliegue de poder. De forma más o menos inconsciente renuncia entonces a encontrar una actitud propia ante las situaciones vitales que se producen. El hecho de que a menudo el necio se muestre obstinado, no nos debe hacer olvidar que no es independiente. Incluso conversando con él, nos podemos dar cuenta de que no estamos tratando con él mismo, con él en persona, sino con los tópicos y las consignas que le dominan. Se encuentra como hechizado, está deslumbrado; en su propia naturaleza se abusa de él y se le maltrata. Convertido así en un instrumento carente de voluntad propia, el necio será capaz de cualquier mala acción y, al mismo tiempo, incapaz de reconocerla como mala. He aquí el peligro de un diabólico abuso. Por él pueden los hombres echarse a perder para siempre."
"... se nos manifiesta con toda claridad que no será un acto de adoctrinamiento, sino únicamente un acto de liberación quien podrá superar la necedad. En este aspecto habremos de resignarnos a aceptar que en la mayoría de los casos una auténtica liberación interna sólo es posible cuando le ha precedido la liberación externa."
"Este estado de cosas explica también por qué en tales circunstancias nos esforzamos en vano por saber lo que piensa realmente "el pueblo", y por qué esta pregunta resulta al mismo tiempo tan superflua para quien piensa y actúa de forma responsable; pero siempre bajo las circunstancias dadas. La frase de la Biblia según la cual "el principio de la sabiduría es el temor de Yahvé" (Sal 111, 10), afirma que la liberación interna del hombre para una vida responsable ante Dios constituye la única superación real de la necedad."
¿Desprecio de los hombres?
"Debemos aprender a considerar al hombre no tanto por lo que hace o deja de hacer, sino más bien por lo que sufre. La única relación fecunda con los demás hombres -y ante todo con los débiles- es el amor, eso es, el deseo de formar una comunidad con ellos. Dios mismo no despreció a los hombres, sino que se hizo hombre por amor a ellos."