viernes, 24 de septiembre de 2010

LA LECCIÓN DE DINAMARCA. TÁCTICA DEMOGRÁFICA DE LOS MUSULMANES.


 
La manera más conocida de los musulmanes para amedrentar y subconscientemente lograr cierto dominio sobre las sociedades occidentales, es la del terrorismo. Pero hay una forma más sutil para influenciar sobre los pueblos que los acogen, es la táctica demográfica. Las mujeres musulmanas, a diferencia de las occidentales, no usan anticonceptivos y son alentadas a parir numerosa prole. Es común ver familias con 10 ó 12 hijos. Esa situación genera una desproporción numérica en los lugares adonde emigran, y es usada para imponerse sobre la sociedad anfitriona, para convertirse eventualmente en mayoría. La maniobra es practicada en Israel por los palestinos, en Líbano por los Chiitas y Sunitas, y en Europa, por los mahometanos en general, donde ya suman 54 millones.
 
Hasta 1979 prácticamente no se veían musulmanes en Copenhague. Los daneses recibían cordialmente a los extranjeros, sintiéndose orgullosos de su socialismo liberal que había derrocado a los conservadores en 1929, y resaltaban por sus éxitos socio-económicos. Dinamarca se esforzó por ser una sociedad abierta donde ofrecían a los recién llegados las mismas ventajas que a sus connacionales. La criminalidad era bajísima, el nivel educativo excepcional, y los acompañaba una admirable historia de humanismo y multiculturalismo.
 
Para 1990 la población musulmana había crecido y no mostraba ningún interés por integrarse a la sociedad danesa, más bien empezó a condenar su liberal estilo de vida, al que consideran decadente.
 
En un artículo publicado por Daniel Pipes y Lars Hedegaard en el que pronosticaron que el problema migratorio explotaría en Dinamarca, relataron: "Los inmigrantes musulmanes constituyen el cinco por ciento de la población, pero consumen el 40 por ciento de la ayuda social". "Los musulmanes son apenas cuatro por ciento de la población danesa de 5.4 millones, pero forman la mayoría de los violadores convictos, un asunto inflamable, considerando que prácticamente todas sus víctimas son no-musulmanas. Similares proporciones se manifiestan en otros crímenes".
 
Un estudio reciente muestra que sólo cinco por ciento de los musulmanes contraen matrimonio con danesas. Las costumbres islámicas obligan a que la hija de ambos se case con algún pariente mahometano de lo contrario está sujeta a la pena de muerte, cosa que lógicamente atemoriza a las escandinavas. Los islamistas no tienen ningún respeto por las costumbres y normas del lugar, y predican abiertamente que introducirán las leyes coránicas cuando la población alcance mayor número. Al ritmo actual, en 40 años uno de cada tres habitantes será musulmán.
 
No es entonces de extrañar, que en 2005 hubiera el brote de violencia callejera por la publicación de las caricaturas de Mahoma en la prensa danesa, que fue rematado con el ataque suicida a la embajada de Dinamarca en Pakistán la semana pasada, del que Al Qaeda se adjudicó la autoría.
 
En 2001, los daneses eligieron a su gobierno más conservador en 70 años dejando atrás sus generosas ideas inmigratorias. Hoy Dinamarca tiene las leyes más estrictas de Europa en ese campo, lo que ha sido tildado de "racismo" por la prensa progre europea.
 
Hoy, si quieres ser danés, debes tomar tres años de lenguaje; debes pasar un examen sobre historia y cultura de Dinamarca; debes haber vivido siete años en el país para solicitar ciudadanía; debes mostrar intención de trabajar, y debes tener un empleo esperándote. Si quieres traer una esposa, ambos cónyuges deben tener más de 24 años, y no te resultará tan fácil llevar contigo a tus familiares y amigos. No podrás construir una mezquita en Copenhague, aunque tus hijos tendrán alrededor de 30 escuelas de cultura y lengua árabe para elegir.
 
En 2006, el Ministro de Empleo Claus Hjort Frederiksen, explicó que los musulmanes han abusado del sistema de seguridad social en tal medida, que eventualmente podrían llevar al estado a la bancarrota.
 
La Ministra de Inmigración Rikke Hvilshoj destaca por su firmeza en aplicar las leyes. Para testear a la ministra, el imán radical Ahmed Abdel Rahman Abu Laban, le exigió una compensación monetaria, "para aplacar la sed de venganza de la familia", por un musulmán que fue asesinado en un suburbio. Hvilshoj desestimó la demanda, ante lo que el imán arguyó que esa era la costumbre en la cultura islámica. La ministra replicó que lo que se hace en los países musulmanes no es necesariamente lo que se hace en Dinamarca. La
respuesta no se dejó esperar. Prendieron fuego a su casa mientras dormía con su esposo e hijos. Todos lograron salvarse, pero tuvo  que mudarse a un lugar secreto, y, tanto a ella como a otros ministros, por primera vez les fueron asignados guardaespaldas, en un país donde la violencia era inusual.
 
Lo que suceda en la próxima década, determinará si Dinamarca sobrevive como un bastión de vida civilizada, con su elevado sentido humanístico y responsabilidad social, o si se convertirá en una nación en guerra civil contra los promotores de la Sariá.

domingo, 12 de septiembre de 2010

Del martillo al bisturí

Una nueva campaña de guerras silenciosas y ocultas, guerras en la sombra, se ha intensificado desde la llegada de Obama. Conocida como estrategia del "bisturí", su escenario abarca dos continentes

 

Hace apenas tres meses, a finales de mayo, los medios de comunicación norteamericanos se hacían eco de un "modesto" pero significativo éxito en la lucha contra al Qaeda en las remotas montañas del desierto yemení. Un ataque aéreo había golpeado y destruido a un grupo sospechoso de ser agentes de Al Qaeda en la provincia de Marib, cuna de la legendaria reina de Saba.


Presentado inicialmente como una acción de las decrépitas fuerzas aéreas de la época soviética de Yemen, poco tardó sin embargo en saberse que los misiles habían salido de un portaaviones norteamericano situado en las aguas del golfo de Adén. Y que el ataque, el cuarto de este tipo lanzado desde diciembre por las tropas norteamericanas, había matado también al gobernador de la provincia, a un diputado del congreso yemení y a un prestigioso líder local que actuaba en la zona de contrapeso a al Qaeda, tratando de convencer a las tribus locales para que no se unieran a ella.
 
El hecho, que en sí mismo parece no tener demasiada trascendencia, poco más de una repetición casi mimética de lo que ocurre cada semana en Afganistán y Pakistán, permite sin embargo hacerse una idea cabal de las nuevas "guerras en la sombra" que la administración Obama está desplegando en África, Oriente Medio, el sudoeste asiático y Asia Central.
 
En más de una docena de países –que cubren una extensa área geográfica que va desde los desiertos del norte de África a las montañas de Pakistán, pasando por la península arábiga y las ex repúblicas soviéticas paralizadas por luchas étnicas y religiosas–, Estados Unidos ha aumentado significativamente las operaciones militares y de inteligencia, la persecución y eliminación de líderes y combatientes enemigos usando aeronaves robotizadas (llamados drones, aviones inteligentes no tripulados) y equipos de comandos, contratando a contratistas privados para tareas de espionaje y el entrenamiento, financiación y formación de fuerzas locales antiterroristas y contrainsurgentes bajo su dirección.

Desde la llegada de Obama a la Casa Blanca, se ha intensificado la campaña de misiles teledirigidos de la CIA en Pakistán, se han aprobado ataques contra supuestos agentes de Al Qaeda en Somalia y puesto en marcha operaciones clandestinas en Kenia. El gobierno de Obama ha trabajado con los aliados europeos para desmantelar grupos terroristas en el norte de África, entre los que está incluido el recién fracasado ataque francés para liberar a un rehén en el norte de Malí. Y el Pentágono está utilizando redes de contratistas privados para recabar información acerca de cosas como buscar los escondites de los militantes islamistas en Pakistán o la ubicación de soldados estadounidenses u otro tipo de rehenes en manos de los islamistas radicales.

Aunque esta guerra sigilosa comenzó con la administración Bush, se ha ampliado enormemente con Obama. Y prácticamente no se ha reconocido públicamente ninguno de estos nuevos pasos agresivos llevados a cabo por el gobierno de Estados Unidos. Mientras el aumento de tropas en Afganistán se produjo después de meses de intenso debate, la campaña militar estadounidense en Yemen, por ejemplo, comenzó en diciembre sin previo aviso y nunca ha sido confirmada oficialmente.


Del martillo de Bush al bisturí de Obama
El máximo asesor de Obama en la lucha antiterrorista, John O. Brennan, calificaba a la perfección esta nueva estrategia de guerra, definiéndola como "basarse en el bisturí, en lugar de usar el martillo".
 
Según él, los beneficios de estas nuevas "guerras en la sombra" contra al Qaeda y otros grupos islamistas radicales son múltiples. A diferencia de las guerras de Irak y Afganistán, la nueva estrategia tranquiliza, de acuerdo con Brennan, su arquitecto y máximo defensor, a los políticos y los votantes estadounidenses frente a los enormes costes de las grandes guerras que derrocan a los gobiernos, necesitan años de ocupación militar y corren el riesgo de convertirse en catalizador de una mayor radicalización en todo el mundo musulmán.
 
Algo que realmente no es de extrañar. No en vano Zgnieb Bzrezinski –fundador de la Trilateral con Rockefeller, director de Seguridad Nacional con Carter, asesor en política exterior de Obama y uno de los máximos arquitectos demócratas en diseñar políticas estratégicas para preservar la hegemonía norteamericana– llegó hace muchos años a la conclusión de que "el ejercicio de un poder imperial sostenido" es incompatible con el "hedonismo personal" y el "escapismo social" dominantes en la sociedad norteamericana, que se manifiesta repetidamente entre el pueblo norteamericano bajo la forma de "un fuerte rechazo contra todo uso selectivo de la fuerza que suponga bajas, incluso a niveles mínimos". Y que, como consecuencia, hace "cada vez mayor la dificultad para movilizar el necesario consenso político a favor de un liderazgo sostenido, y a veces también costoso, de los EEUU en el exterior".
 
La nueva estrategia de Obama de "guerras en la sombra" está, precisamente, diseñada para salvar esos obstáculos. Frente a la doctrina de la era Bush, de hacer valer todo el peso de la abrumadora superioridad militar yanqui, descargándola como un martillo pilón en aquellas áreas estratégicas vitales para su dominio mundial (y que tan catastrófico resultado ha provocado), la nueva línea está diseñada para actuar como una especie de bisturí de "hierro y fuego", dirigiéndose directamente a la cabeza de las fuerzas enemigas para tratar de seccionarlas, a través de distintos medios, de un solo tajo. Rápido, limpio y prácticamente invisible, sin estridencias.
 
Riesgos internos y externos
Sin embargo, esta estrategia de guerras ocultas no está exenta de riesgos. Para el New York Times, que se hizo eco del asunto en un extenso reportaje publicado a mediados de agosto, las  posibles operaciones fallidas añaden combustible a la ira anti-estadounidense, difuminan la línea entre soldados y espías, lo que podría poner en peligro a sus tropas al privarles de las protecciones y garantías para combatientes prisioneros de guerra que establece la Convención de Ginebra, debilitan el sistema de supervisión que el Congreso estableció para prevenir abusos por parte de agentes secretos de Estados Unidos, y promueve una excesiva dependencia de autoritarios líderes extranjeros e intermediarios con lealtades poco claras.

El ataque de mayo en el Yemen, por ejemplo, provocó un contraataque de venganza contra un oleoducto por parte de tribus locales y produjo una favorable acogida a la propaganda de Al Qaeda en la Península Arábiga. También dejó el presidente yemení Saleh furioso por la muerte del funcionario provincial, Jabir al-Shabwani, y le obligó a tomar medidas para prevenir una reacción antiamericana.

De acuerdo al reportaje del Times, las demandas de la administración Obama han acelerado la transformación de la CIA en una organización mitad paramilitar, mitad agencia de espionaje. En las montañas de Pakistán, la agencia ha ampliado su campaña más allá de los ataques selectivos de los drones contra líderes de Al Qaeda y ahora elimina periódicamente grupos y convoyes logísticos de los que sospecha están compuestos por enemigos, de la misma forma que los militares harían picadillo una fuerza enemiga.

Por su parte, continúa el Times, el Pentágono actúa cada vez más como la CIA. En todo el Oriente Medio y otros lugares, las tropas especiales de operaciones en misiones secretas han llevado a cabo tareas de espionaje y "órdenes de ejecución" que una vez fueron dominio exclusivo de los organismos de inteligencia civil. Con nombres código como Eager Pawn y Spade Indigo, estos programas suelen funcionar todavía con menos transparencia y control por el Congreso que las tradicionales acciones encubiertas de la CIA.

Y como las operaciones de contraterrorismo se han propagado más allá del territorio hostil para los militares en las zonas de guerra, los contratistas privados han asumido un papel destacado, incrementando las preocupaciones de que Estados Unidos ha externalizado algunas de sus misiones más importantes a ejércitos privados a menudo incontrolables.