miércoles, 25 de noviembre de 2009

Conclusiones tras la liberación del Alakrana

Los auténticos corsarios están directamente vinculados a los flamantes bufetes londinenses donde se negocian los rescates
 
 
 

Con tres millones de euros pagados por el rescate el Alakrana ha sido liberado por sus secuestradores. Quizás sea el momento de empezar a sacar enseñanzas de lo ocurrido. Quizás la decisión del juez Santiago Pedraz de procesar a los dos detenidos y posibilitar un juicio rápido, abriendo la puerta a la vuelta de los dos piratas detenidos a Somalia, bien indultados por el gobierno después del juicio, bien extraditados para "cumplir" la condena en su país, ha acelerado la liberación del Alakrana. Dijo la vicepresidenta De la Vega que el gobierno no ha cometido ningún error durante del secuestro del Alakrana: "se ha hecho lo que se debía". Pero sin errores los 36 marineros secuestrados, casi con toda seguridad, hubieran estado mucho antes con sus familias. Error fue detener a los dos piratas y traerlos a España. Lo que se pensó utilizar como medio de presión frente a los secuestradores se convirtió en una baza a favor de éstos al exigir, además del dinero, su libertad como condición para terminar con el secuestro del Alakrana. Error fue el lío montado entre el ministerio de Defensa y la vicepresidenta de la Vega, y del gobierno con la Audiencia Nacional.

La liberación del Alakrana y la vuelta sanos y salvos, como pedían las familias, de los marineros secuestrados era la tarea principal y parece haber llegado a su fin. Pero la resolución del problema de fondo, que ha convertido el mar del cuerno de África en la ruta más peligrosa del mundo, parece cada vez más lejana.

Con el envío de mercenarios de seguridad privada con armas militares para que viajen en los barcos de pesca, el gobierno español, como la UE, EEUU y el resto de grandes potencias, siguen apostando por tratar los síntomas pero no atacar el fondo del problema. Nadie está interesado en buscar una solución al futuro de Somalia como país ni a sus 10 millones de habitantes. ¿Por qué? 
  
Sin Estado, saqueado y basurero nuclear 
Somalia, un país con una posición geoestratégica privilegiada (por sus costas, la vía más corta entre el Índico y el Pacífico, pasa el 13% del comercio mundial y el 50% del petróleo procedente del Golfo Pérsico) y enormes reservas de recursos naturales (pesca, petróleo y gas), se ha visto sometido desde el siglo XIX a la intervención de las grandes potencias y de grandes corporaciones internacionales, sobre todo a partir de la apertura del canal de Suez en 1868.

Inglaterra, Italia y Francia ocuparon los enclaves más estratégicos de la zona (Adén los ingleses, Yibuti Francia, Italia la mayor parte de Somalia) y desde entonces han alimentando las diferencias tribales, una guerra civil permanente y el surgimiento de los llamados "señores de la guerra" para defender sus intereses coloniales e imperialistas. Problemas que el relevo de estas potencias por Estados Unidos en la zona no ha hecho sino agravarlos aún más. Fracasó en su intento de invadir el país en 19993, intervino en 2006 para que tropas etíopes invadieran el país y derrocar a un islamista moderado, el jeque Sharif Ahmed, y ahora apoya el gobierno de transición que vuelve a estar presidido por Ahmed y que apenas controla una parte de la capital Mogadiscio y algunas zonas del centro y sur del país.

La consecuencia de todo esto es un país sin Estado, dividido en feudos controlados por "señores de la guerra" y sus milicias paramilitares. Sin un gobierno estable en los últimos 20 años e incapaz de imponer ley alguna. Un paraíso ideal para las potencias sin escrúpulos y las grandes corporaciones internacionales, ¡con menos prejuicios todavía!, que han hecho de sus costas el lugar ideal no sólo para saquear gratis sus ricos caladeros de pesca vírgenes –más de 700 barcos pescan ilegalmente en sus costas-, sino como basurero tóxico y nuclear, expuesto por el tsunami de 2004, cuando dejó al descubierto miles de contenedores de basura tóxica, reventados y cargados con desechos radioactivos de uranio y otros metales pesados como cadmio y mercurio, desechos de hospital y productos químicos. 
  
De pescadores a piratas 
Pero sobre todo es un país al que le han provocado una gigantesca crisis humanitaria. En los últimos años han muerto más de 17.000 civiles y 2,5 millones de personas han tenido que abandonar sus hogares. Se han destruido los medios de vida de la población y un tercio depende de la ayuda alimentaria para sobrevivir, según fuentes de las propias Naciones Unidas.

Creado el caldo de cultivo, los piratas florecen por todos lados. Son, en su mayoría, jóvenes pescadores y agricultores empujados a hacer de la piratería su modo de vida. Son piratas.

Pero ahí no acaba el negocio de la piratería. Sería impensable que se hubiera convertido en un negocio de tales proporciones (una veintena de barcos y 350 personas tienen secuestrados ahora mismo los piratas) sin otros apoyos, sin la existencia de los auténticos corsarios que tienen en Londres la capital pirata, vinculados a los despachos de abogados de "alto standing" que negocian los rescates y desde donde parte la información que necesitan los piratas para sus secuestros.

Un conocido pirata reconocía que desde allí se les suministra toda la información necesaria para los ataques. Nada es casual, los piratas conocen las características de buque, país, año de fabricación, tipo de carga, tripulación, ruta… en función de lo cual planifican el abordaje y el precio del rescate. La información se la suministran los auténticos corsarios directamente vinculados a esos bufetes donde se negocian los rescates, como denunciaban medios tan británicos como el mismísimo The Guardian. 
  
Cañoneras y mercenarios, no 
Como decíamos hace una semana en estas mismas páginas, nada justifica la acción de los piratas, pero una vez liberados los marineros secuestrados el gobierno de España ha de pasar a llevar una política radicalmente diferente respecto al problema. Denunciar en la ONU y todos los escenarios internacionales que se aproveche el caos provocado por la inexistencia de un Estado somalí para el saqueo de los recursos del país, y para utilizar sus aguas como basurero tóxico nuclear, químico y restos hospitalarios. Renunciar a la política de "la cañonera" y pasar a defender en la ONU una solución para Somalia con acuerdos justos que beneficien la cooperación con la población somalí. Y perseguir a los auténticos corsarios, siguiendo tanto la ruta del dinero de los rescates como la de las grandes compañías que utilizan sus aguas como vertedero tóxico. Éstos son los auténticos "bandidos del mar" y contra ellos ha de ir la acción principal de los Estados y la justicia.



domingo, 15 de noviembre de 2009

El cazapiratas sin complejos

Patente de corso, por Arturo Pérez-Reverte


Me dicen los amigos hay que ver, Reverte, con esto del paisaje que tenemos y la que está cayendo, salimos a cabreo semanal con blasfemias en arameo, y hace tiempo que no cuentas ninguna de esas peripecias de la historia de España que dejabas caer por esta página, de marinos, conquistadores, aventureros y gente así, políticamente incorrecta, que a veces consuelan y hacen descansar de tanta basura parlamentaria y municipal, y tanta cagada de rata en el arroz. Y como los amigos siempre tienen razón, o casi, y es verdad que hace tiempo no toco esa tecla, hoy vamos a ello. De todas formas, para no perder el pulso de la actualidad actual, quisiera recordar a un personaje que practicó la alianza de civilizaciones a su manera. Ya me dirán ustedes si viene a cuento, o no.

Se llamaba Antonio Barceló, Toni para los amigos. Como de costumbre, si hubiera sido francés, inglés o de cualquier otra parte, habría películas y novelazas con su biografía. Pero tuvo el infortunio de ser mallorquín, o sea, español. Con perdón. Que es una desgracia histórica como otra cualquiera. El caso es que ese fulano es uno de mis marinos tragafuegos favoritos. Tengo su retrato enmarcado en mi casa, junto al de su colega de oficio Jorge Juan, y en el Museo Naval de Madrid hay un cuadro ante el que siempre me quito un sombrero imaginario: D. Antonio Barceló con su jabeque correo rinde a dos galeotas argelinas. Hijo de un marino comerciante y corsario, embarcó siendo niño en los barcos de su padre. La primera fama la consiguió con sólo 19 años, en 1736, cuando ya navegaba como patrón del jabeque correo de Palma a Barcelona, y empezó a darse candela con los piratas norteafricanos que infestaban el Mediterráneo occidental. En aquellos tiempos, como no había telediarios donde hacer demagogia, a los piratas se les aplicaba directamente el artículo 14. Y Toni Barceló, que conocía el percal y no estaba para maneras de oenegé, lo aplicaba como nadie. El ministro Moratinos y la ministra Chacón habrían hecho pocas ruedas de prensa con él. Prueba de ello es que, pese a ser marino mercante y no de la Real Armada –allí sólo podían ser oficiales y jefes los chicos de buena familia–, fue ascendiendo en ésta, con los años, de alférez de fragata a teniente general, a lo largo de una vida marinera bronca, azarosa y acuchilladora. Dicho de otra forma, a puros huevos.

Lástima, insisto, de película que, como tantas otras, en este país de cantamañanas nunca hicimos. Ni haremos. Barceló libró combates y abordajes de punta a punta del Mediterráneo. Combatió a los piratas y corsarios, e hizo él mismo la guerra de corso con resultados espectaculares. Sin complejos. Su ascenso a teniente de navío lo consiguió por la captura al arma blanca de un jabeque argelino, que le costó dos heridas. Sólo entre 1762 y 1769 echó a pique 19 barcos piratas y corsarios norteafricanos, hizo 1.600 prisioneros y liberó a más de un millar de cautivos cristianos. Y menos de diez años después, sus jabeques, navegando pegados a tierra y jugándosela en las playas, impidieron que la expedición española contra Argel terminara en un desastre. Eran tiempos poco favorables a la lírica, y lo de las fuerzas armadas españolas humanitarias marca Acme se la traía a Barceló, como a todos, bastante floja. Argelia era la Somalia de entonces, más o menos, y a los atuneros de entonces los protegió a su manera: en 1783 fue con una escuadra a Argel, disparó 7.000 cañonazos contra la ciudad e incendió 400 casas. Sin despeinarse.

También he dicho que era español, y eso tiene su pago de peaje. La envidia y la mala fe lo acompañaron toda su vida. Sus colegas de la Real Armada no podían verlo ni en pintura, y andaban locos por que se la pegara. No tuvo, como es natural, amigos entre sus pares. Ayudaba a eso su persona y carácter, poco inclinado a tocar cascabeles. Era hombre rudo y de escasa educación ­­–sólo sabía escribir su nombre–, brusco de modales, sordo como una tapia por el ruido de los cañones. Tampoco era guapo, pues la cicatriz de un sablazo le cruzaba el careto de lado a lado. Gajes del oficio. Pero sus tripulaciones lo adoraban, peleaban por él como fieras y lo acompañaban, literalmente, a la misma boca del infierno. Ganó honores y botines, rindió a enemigos, asombró al mismo rey, y mandó barcos y escuadras hasta los 75 años. Se retiró al fin a Mallorca, donde murió entre el respeto de todos. Fue uno de los poquísimos casos en que España no se comportó como ingrata madrastra, y agradeció los servicios prestados. Su fama fue tanta que en sus tiempos corrió en coplas una décima famosa, a él dedicada, que concluía: «Va como debe ir vestido / fía poco en el hablar / mas si llega a pelear / siempre será lo que ha sido».

Imaginen lo que se habría reído viendo lo de Somalia en el telediario, y a los piratas en la Audiencia Nacional.


sábado, 14 de noviembre de 2009

El PSOE, detrás de la agencia que se forró con el Plan E - La Corrupcion del Estado.

Lavinia es la empresa utilizada por el PSOE para gestionar directamente varias páginas web del partido

 

Lluis Garriga, un destacado miembro del Consejo Nacional del PSC-PSOE, dirige los negocios en Cataluña del Grupo Lavinia, una compañía que desde 2005 ha recibido más de 2.002.853,49 euros en forma de adjudicaciones de la Generalitat de Cataluña y 6 millones de euros de otras administraciones públicas en manos del PSOE.

Lavinia es, además, una de las empresas que recibieron el contrato para difusión y publicidad del conocido Plan E del Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, según informa La Gaceta.

Pero Garriga no es el único dirigente de Lavinia vinculado directamente con el PSC. Xavier Marcet, consejero delegado de LTC Project, la consultora del Grupo Lavinia, fue durante siete años concejal del partido en Tarrasa y ha ocupado diversos cargos de responsabilidad en materia de comunicación en organizaciones administradas por los socialistas.

El último y polémico contrato de la productora fue la campaña publicitaria lanzada por el Gobierno central para difundir el Plan E (Plan Español para el Estímulo de la Economía y el Empleo).   

Lavinia es, además, la empresa de cabecera del PSOE para organizar su propaganda en Internet. La productora fue la creadora de campañas como "La mirada positiva" de Zapatero o la difusión del "Sí" al Estatuto de Cataluña a través de la Red.

Sin embargo, a pesar de ser públicas las buenas relaciones que el presidente de la compañía, el periodista catalán Antoni Esteve, tiene con varios dirigentes del PSOE, hasta ahora se desconocían las vinculaciones directas que la productora tenía con el partido.

viernes, 13 de noviembre de 2009

La cuerda de la SGAE

     De acuerdo, a mí también me da cierto asquete. Sí, yo también cambio de canal en cuanto veo su nariz rinoplástica asomar por la pantalla. Que sí, que yo también me sorprendo a mí mismo diciéndome dos o tres veces al año: "Ahora mismo ahogaría a Ramoncín".

 

 


    Y, sin embargo... ¿Se imagina el lector SER por unas horas ÉL? ¿Las miradas de la peña por la calle? ¿El miedo a abrir el periódico y encontrar cualquier burrada sobre ti? ¿El pitorreo cada vez que te mencionan en la radio? ¿Actuar en el Viña Rock y que te tiren cedés CORTADOS CON FORMA DE ESTRELLA NINJA?

    El Rock&Blog sección Humanitarismo quiere desde aquí enviar un poco de cariño a uno de los seres más vilipendiados de este país. Cada vez que habla, sube el pan. Colocar su nombre en un titular es sinónimo de éxito y de toneladas de bilis. Invocar su figura calienta cualquier tertulia. Que te demande mola.

    Pero, ¿qué sucede dentro de ese corazoncito? ¿Es que no es también una personita Ramoncín? ¿Es que no tiene derecho a vivir? ¿A disfrutar de un paseo en barca por el Retiro? ¿A oler el perfume de las gardenias? ¿A grabar discos infumables?

    Hemos hecho de él, nos guste o no, el tontón que se lleva todas las collejas en clase, y encima estrena charco cada día. ¿Empezó a provocarnos él, o nosotros a machacarle? Ya no se sabe. Hemos perdido la cuenta.

 

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    Al fin y al cabo, ¿qué hay de malo en que el hombre defienda sus derechos de autor? ¿No defendemos cada cual lo nuestro, a veces hasta la trola (y peor, la autotrola)? ¿Qué oscuras cargas personales proyectamos sobre ese flequillo, por otro lado, efectivamente estomagante? ¿Puede suceder que 40 millones de tíos le cojan manía a un mismo infeliz?

    Ya, su jefe, Teddy. Pero a Teddy, y servidor les ha tratado a ambos, realmente le va la marcha. La batalla le pone. Veo a Ramón, no sé, más osito, más vulnerable. Menos preparado para que te comparen un día sí y otro también con Antonio Anglés, con Ho Chi Minh y con el toro que mató a Manolete.

    Y ya lo estoy leyendo: estoy a sueldo de la SGAE, Teddy me paga las vacaciones y las drogas. Pues no, señores. De hecho, no sé cuántos periodistas se pueden preciar de que SGAE les ha demandado; yo sí, y lo llevo cual medalla.

Simplemente veo, y no me gusta, que el torpón de Ramoncín saca al pequeño nazi que todos llevamos dentro. Que todos somos un poquito Tercer Reich, un poquito Hitler con él.

Con ese pequeñuelo amoroso, dulce, un poco tragaldabas, pero eternamente incomprendido. Con ese pequeño satán del pollo frito.

lunes, 2 de noviembre de 2009

El Nóbel de la Paz enseña sus cartas de guerra

Que la Administración Obama siga atrapada en el dilema de cómo gestionar Afganistán no implica, en absoluto, que su política de guerra en la región esté paralizada


En una ofensiva sin precedentes, 30.000 soldados del ejército pakistaní, apoyados por aviones de combate, helicópteros de ataque, fuego de artillería pesada y la indispensable colaboración del Pentágono, arrasan a sangre y fuego la zona sur de la región de Waziristán, patria de la tribu de los Meshud y feudo de los talibanes. La prohibición de acceso a la zona a los medios de comunicación impide conocer realmente lo que está pasando, aunque la sola cifra de refugiados, 150.000 en apenas unas semanas, da una idea de la magnitud de la ofensiva.


Que la Administración Obama siga atrapada en el dilema de cómo gestionar la compleja situación de Afganistán no implica, en absoluto, que su política de guerra en la región esté paralizada. 
Con independencia de la resolución que finalmente adopte Obama, si enviar más tropas a Afganistán o restringir y seleccionar los objetivos militares, a comienzos del verano lanzaba un ultimátum al gobierno pakistaní. O desalojaba a los talibanes de sus feudos de las montañosas fronteras entre Pakistán y Afganistán, o la prometida ayuda económica de 5.000 millones de dólares (casi un 3% de su PIB) quedaría congelada. 
La operación se ponía entonces en marcha. Como preparación de la ofensiva, el pasado mes de julio el ejército pakistaní ya había impuesto un cerco a Waziristán del Sur que incluía el bloqueo económico de la región y la restricción de movimientos en el territorio. 80.000 habitantes se vieron entonces forzados a salir de sus tierras y sus casas, tanto porque muchos de los cultivos se pudrieron en el campo por falta de salida a los mercados, desabasteciendo al mismo tiempo a la población, como por el temor a verse atrapados en el inminente inicio de los combates. 
Desde entonces, los aviones no tripulados norteamericanos se han encargado de proporcionar la información de la que las fuerzas paquistaníes carecen al ser Waziristán una región vedada para ellos en las últimas décadas; al mismo tiempo que causaban centenares de víctimas civiles al lanzar sus misiles contra las viviendas de los dirigentes talibanes locales. Una vez completados los preparativos, la ofensiva se ponía en marcha el pasado 17 de octubre. 
Mientras la población civil iniciaba una huida en masa afirmando que "estamos atrapados entre el Gobierno y los talibanes", cruentos combates con un número desconocido de bajas se suceden día tras día, pueblo tras pueblo. El lunes 19, el gobierno pakistaní anunciaba haber tomado la ciudad de Kotkai, considerada uno de los baluartes de los talibanes. 24 horas después, éstos retomaban la ciudad que no pudo volver a ser ocupada por el ejército hasta cuatro días después. Lo que da idea de la magnitud y la virulencia de los combates que se están desarrollando allí en medio de la indiferencia de la autollamada "comunidad internacional". 
La ofensiva sobre Waziristán sucede a la realizada el verano de 2008 contra la región vecina de Bajaur, en la que el ejército pakistaní afirmó haber matado a centenares de insurgentes talibanes. Sin embargo, lo cierto es que tras proclamar su victoria, la actividad armada de los talibanes en la región ha seguido protagonizando numerosos conflictos y lanzando ofensivas puntuales. 
La situación en estas regiones fronterizas, mayoritariamente habitadas a uno y otro lado por la tribu de los pasthunes, base de las milicias talibanes, está tan enquistada que cuando el ejército paquistaní informa de haber vencido en alguna, lo que realmente ocurre es que ahora pueden estar presentes en ella, cosa que hasta hace poco era, sencillamente, imposible. Y todo ello al coste de centenares o miles de bajas entre combatientes de ambos bandos y la población civil. 
Apenas unas semanas después de concedido el Nóbel de la Paz, Obama enseña sus cartas de guerra. Y no serán, desde luego, ni las últimas ni, seguramente, las más importantes. 
La nueva orientación estratégica escogida por la superpotencia yanqui de abandonar Irak y centrar todos sus esfuerzos militares en la región denominada Af-Pak no es posible si no es a costa de profundizar una guerra ya declarada –la de Afganistán– e iniciar otra (u otras) de "baja intensidad", como la que actualmente se desarrolla en las regiones del noroeste de Pakistán. 
Y es que una cosa es que Washington haya pasado a desplegar una diplomacia más multilateral con sus socios y más sutilmente abierta al diálogo con algunos de sus rivales, y otra bien distinta que renuncie al uso de la fuerza militar allí donde los intereses estratégicos de su poder hegemónico global lo requieren. Esta sencilla verdad es la que algunos pretenden que olvidemos tras la sonrisa y las buenas palabras de un presidente negro al que, por añadidura, acaban de conceder el Premio Nóbel de la Paz mientras despliega sus instrumentos de guerra.


Romper la tela de araña para cambiar el mundo

Dos concepciones antagónicas: el idealismo que difunden las clases dominantes y el materialismo que establece el marxismo. Las consecuencias prácticas de partir de una u otra son gigantescas.


Zapatero nos está haciendo pagar la crisis subiéndonos los impuestos para sufragar los 350.000 millones de euros del rescate bancario, mientras estamos a punto de llegar a los cinco millones de parados. La ONU acaba de anunciar que, por primera vez en la historia, se va a superar la escandalosa cifra de 1.000 millones de personas que sufrirán hambre en el planeta, mientras las principales burguesías ha dilapidado 18 billones de dólares en "rescatar" de la crisis a los gigantes financieros. Sin embargo, nada de esto ha provocado ningún estallido social. Y la razón principal hay que buscarla en cómo nos mienten y cuánto consiguen engañarnos. A través de un conjunto de ideas, principios y valores que nos conducen a convivir con el insoportable antagonismo que entraña el capitalismo y que la crisis ha sacado a la superficie en toda su virulencia. Hay ideas que contribuyen a cambiar el mundo, y hay ideas que, como planteó Lorca, nos convierten en "un océano de peces encadenados a un punto sin conciencia". Romper esa tela de araña con el objetivo de transformar el mundo. Este ha sido el objetivo de la primera de las escuelas populares del nuevo ciclo dedicado a la ideología, la filosofía y la ciencia del marxismo.

Einstein, que por cierto simpatizaba con el marxismo, decía que "es más fácil desintegrar un átomo que un prejuicio." 
Pues bien, para transformar el mundo de acuerdo a los intereses de los pueblos, debemos empeñarnos primero en desmontar todos los prejuicios que nos hacen participar de la visión del mundo dominante, para poder conocer la verdad de cómo está organizada esta sociedad en la que el 99% de la gente soportamos lo que sólo conviene a un 1%.

Y es Lenin quien nos proporciona la pista fundamental, cuando afirma que "los hombres serán siempre, en política, víctimas necias del engaño ajeno y propio, y lo seguirán siendo mientras no aprendan a descubrir detrás de todas las frases, declaraciones y promesas morales, religiosas, políticas y sociales, los intereses de una u otra clase".

¿De dónde proviene nuestra concepción del mundo? ¿Nos caen del cielo? ¿Son innatas en nuestros cerebros? ¿Por qué a cada época histórica corresponde una determinada manera de pensar y no otra? Y, sobre todo, ¿a quién, a qué clase, le interesa que hoy las ideas dominantes sean una pesada losa en nuestra conciencia? 
  
  
¿Existen los "valores eternos" de "Libertad" o "Justicia"? 
"Agora", la última película de Alejandro Amenábar, nos presenta una visión de la historia movida por un eterno conflicto entre la razón y la fe, representada por el enfrentamiento, en pleno siglo IV, entre Hypatia -la filósofa "custodia" del saber depositado en la Biblioteca de Alejandría- y el cristianismo en ascenso.

¿Pero seguro que este era sólo un enfrentamiento espiritual entre "la razón" y "la fe" transformada en fanatismo? ¿"La razón" de Hypatia no había surgido en el seno de la sociedad esclavista grecorromana y defendía su continuidad? ¿"La fe" destructiva de las masas cristianas, compuestas en su mayoría por antiguos esclavos no era expresión de la furia de clase ante sus antiguos amos?

Las clases dominantes siempre nos han explicado la historia a través de un conjunto de "valores eternos" -que pueden ser Dios en la época feudal, o "la razón" en las sociedades burguesas-, situadas en un mundo ideal fuera de la práctica, ajeno a las condiciones materiales de su dominación. Ocultando así el papel que esas ideas cumplen en la fijación y reproducción de su poder de clase.

No existen "valores eternos" -como la libertad, la justicia, el amor...- presentes en una supuesta "esencia humana" y que han permanecido inalterables a lo largo de los siglos.

No es lo mismo la idea de libertad en el feudalismo -relacionada con el nódulo central de Dios y representada como el sometimiento resignado a la voluntad divina-, que la idea de libertad en el capitalismo -relacionada con el individuo como nódulo de la ideología burguesa , y representada como la "libertad del hombre por encima de todas las cosas" , pero sólo dentro un pequeño círculo individual-, que la idea de libertad para la ideología comunista -la libertad para decidir sobre el destino individual y colectivo-.

Estas son las concepciones idealistas sobre el origen y el papel de nuestras ideas, que Marx tuvo que combatir para construir el marxismo. Y en ese combate levantó una concepción materialista de la historia, donde "no es la conciencia del hombre la que determina su ser, sino, por el contrario, el ser social es lo que determina la conciencia". 
Las ideas no tienen su origen en un mundo ideal separado de la práctica, sea este la caverna de Platón, el Dios de San Agustín o la Razón de la Ilustración. Todas las ideas, sin excepción, proceden de la práctica, de la práctica social. 
¿Y cuál es la práctica básica? La producción de los bienes necesarios para la supervivencia es el primer hecho histórico. Porque el hombre no "sobrevive" como los animales. Es capaz de transformar la naturaleza en bienes de uso y consumo, utilizando instrumentos de trabajo que son progresivamente desarrollados.

No es posible explicarse, no ya el curso de la historia, sino la misma gestación de la humanidad, al margen de la producción de la vida material.

Porque al transformar la naturaleza en bienes de uso y consumo, los hombres establecen inevitablemente un determinado "modo de cooperación", entablan unas determinadas "relaciones de producción". No puede ser jamás un fenómeno individual. Y esas relaciones materiales en la esfera de la producción "forman la estructura económica de la sociedad, la base real sobre la que se levanta la superestructura jurídica y política y a la que corresponden determinadas formas de conciencia social".

Son dos formas antagónicas de concebir la historia, de explicarnos nuestra práctica y nuestra conciencia: el idealismo que difunden las clases dominantes y el materialismo que establece el marxismo.

Las consecuencias prácticas para la vida de millones de personas de partir de una u otra posición son gigantescas. 
  
Todas las ideas tienen un sello de clase 
En el texto que reproducimos en estas páginas, Lenin afirma que "en una sociedad que tiene como base la lucha de clases no puede existir una ciencia social "imparcial". De uno u otro modo, toda la ciencia oficial y liberal defiende la esclavitud asalariada, mientras que el marxismo ha declarado una guerra implacable a esa esclavitud".

Esta es la posición y el punto de vista, el de las clases y la lucha de clases, que debemos adoptar ante las ideas.

¿Puede existir alguna idea, aunque fuera sólo una, que permanezca al margen de la lucha de clases, de la división antagónica entre burguesía y proletariado?

Algunos objetan que existen "principios elevados" como los de Libertad, Justicia... que son buenos o malos en sí mismo y sirven tanto para la burguesía como para el proletariado.

¿Pero existe la Justicia con mayúsculas, al margen de la realidad material de los hombres? Para la ideología feudal, lo justo era la voluntad de Dios, ante la cual los hombres debían agachar la cabeza. Para la ideología burguesa, la justicia se valora en función de los intereses individuales de cada uno. Y para la ideología proletaria hay que tomar posición por lo que es justo para la gran mayoría de los explotados y oprimidos, independientemente de las consecuencias que eso le suponga a uno. 
Son tres conceptos de justicia antagónicos... porque tienen tres sellos de clase diferentes.

Otros afirman que existen ideas individuales, que el hombre tiene un pequeño rincón interior donde es dueño y soberano. Las ideas relacionadas con los sentimientos, la parte más íntima del individuo, serían un claro ejemplo.

El hombre siente amor, pero sólo puede concebirlo, sentirlo y expresarlo a través de una determinada concepción ideológica del mundo.

Y podemos comprobar como la forma de sentir el amor ha variado drásticamente a lo largo de la historia.

En las sociedades de comunismo primitivo -donde las relaciones de producción eran de colaboración y apoyo mutuo y no de explotación, y no existía propiedad privada sobre los medios de producción- no había lugar para los celos o para relaciones determinadas por la posesión. En el mundo greco-romano, las relaciones esclavistas se reproducían en el seno de la familia. La mujer vivía bajo la autoridad del pater familias, y era imposible una relación de cariño cuando la esposa era considerado sólo un pequeño peldaño por encima del esclavo. En la Edad Media, las relaciones del "amor cortés" eran una transposición al terreno sentimental de las relaciones de vasallaje. Para la burguesía, el amor se somete al frío interés personal o a la férrea propiedad -hasta el punto de llegar a matar bajo la premisa de que "si no es mía que no sea de nadie"-. Y, desde la ideología proletaria, es posible establecer otro tipo de relaciones personales, no sometidas al dominio ni la posesión, donde sólo puede existir libertad individual si cada miembro de la pareja es dueño y soberano del destino colectivo.

Cada individuo existe y se representa el mundo como miembro de una clase. No existe "un pequeño rincón personal" al margen de la realidad social, al margen de las clases y la lucha de clases.

En una sociedad de clases las ideas están recorridas por una aguda lucha de clases. Todas las ideas, sin excepción, tienen un sello de clase.

No existe una sola idea neutra, que pueda servir indistintamente a la burguesía y al proletariado, que no se sitúe radicalmente en el campo burgués o en el campo proletario.

Sólo existen dos destinos, el burgués y el proletario, justificar y reproducir la explotación o combatirla resueltamente. Y cada idea y posición sirve a uno de los dos campos, tiene un sello de clase. 

Tal y como plantea Marx "las ideas dominantes no son otra cosa que la expresión ideal de las relaciones materiales dominantes, las mismas relaciones materiales dominantes concebidas como ideas; por tanto, las relaciones que hacen de una determinada clase la clase dominante, o sea, las ideas de su dominación". 

La ideología burguesa, el individualismo, son pues las ideas de la dominación de clase de la burguesía, que tienen su base en las relaciones capitalistas de producción, pero que a su vez las fijan y reproducen, reproducen al burgués como burgués y al obrero como obrero. 
  
El valor del marxismo 
Ante la exacerbación de los desmanes del capitalismo durante la crisis, desde las filas de la izquierda sólo se nos proponen medidas que "pongan coto al capitalismo más salvaje". O sea, lo mismo que querer curar un cáncer con aspirinas.

Y en consonancia con esto, se reduce el marxismo a "una más de las corrientes emancipadoras que han permitido transformar la sociedad", o se le considera tan sólo como un simple método de análisis del que se puede coger una parte y despreciar otra.

Ni los esclavos ni los siervos pudieron llevar su furia de clase más allá de las luchas y rebeliones para oponerse a los excesos y desmanes e intentar mejorar sus condiciones de vida. El proletariado es la primera clase explotada que ha estado en condición de "tomar el cielo por asalto", poniendo con ello el mundo patas arriba, "cambiándolo de base", y abriendo para la humanidad el horizonte de una sociedad sin explotación ni opresión.

Y ha podido hacerlo porque disponía de la teoría marxista. La ciencia del marxismo, el materialismo histórico, desvela con exactitud y verdad las entrañas del capitalismo. Pone al descubierto la explotación capitalista -la apropiación de la plusvalía generada por la fuerza de trabajo-, saca a la luz como "venerables instituciones", presentadas como defensoras del interés común, como el Estado, son en realidad aparatos de dominación de la burguesía.

El marxismo pone ante nuestros ojos el antagonismo de clase enmascarado por la tela de araña de las ideas dominantes, toma posición por los explotados y oprimidos y afirma orgullosamente su carácter de clase.

La posición y el punto de vista -el de las clases y la lucha de clases- que el marxismo nos proporciona, nos permite, como afirmaba Lenin, "no ser víctimas necias del engaño propio y ajeno", aprendiendo a preguntarse ante cada idea a qué clase sirve, y que destino defiende, si acabar con la explotación y reproducirla.

La práctica de la crítica y la autocrítica es la herramienta que permite desvelar la huella de clase detrás de cada idea, proclama política... y diferenciar, en el transcurso de ella, las ideas burguesas de las proletarias, destruyendo la concepción burguesa dominante y extendiendo las ideas proletarias, para que "éstas ideas correctas características de la clase avanzada se conviertan, una vez dominadas por las masas, en una fuerza material para transformar la sociedad".

Por eso Lenin planea que "sólo el materialismo filosófico de Marx señaló al proletariado la salida de la esclavitud espiritual en que se han consumido hasta hoy todas las clases oprimidas. Sólo la teoría económica de Marx explicó la situación real del proletariado en el régimen general del capitalismo".

En la sección de teoría del De Verdad Digital puedes acceder a los contenidos íntegros de la Iª Escuela del ciclo de Escuelas Populares sobre la ideología, la filosofía y la ciencia del marxismo