España se enfrenta a una de las más graves crisis de su historia. El modelo de crecimiento basado en una hipertrofiada burbuja inmobiliaria nos está abocando a ser el país desarrollado que más sufra las consecuencias de la crisis.
Ya no es posible mantener un patrón de desarrollo que nos ha convertido en el país más endeudado del mundo, haciéndonos cada vez más dependientes de la financiación exterior; limitando nuestra economía a satisfacer la demanda de las principales potencias europeas; y encadenándonos a una energía cara y no renovable como el petróleo.
Modelo que ha impuesto una desmedida dependencia del capital extranjero, conduciendo a la quiebra al país y a un aumento desconocido de las desigualdades sociales que, en plena recesión, alcanza proporciones indignantes. Mientras nos precipitamos aceleradamente hacia los cinco millones de parados y miles de pymes se declaran en quiebra, un pequeño puñado de bancos y grandes monopolios siguen declarando escandalosos beneficios.
Para salir de la crisis, España tiene que buscar su propio modelo de desarrollo alternativo y económicamente competitivo. Apostando decididamente por mercados y sectores cualitativos del futuro, como el de las energías renovables, donde España dispone de potencialidades para
jugar un papel destacado e independiente.
Existen recursos para ello si se redistribuye drásticamente la ingente riqueza monopolizada por una ínfima élite financiera, si se procede a un severo programa de ahorro nacional capaz de crear recursos propios, y se destina ese dinero a la inversión productiva y la creación de riqueza y empleo.
En consecuencia con ello, ante las inminentes elecciones europeas e independientemente del sentido de nuestro voto, queremos manifestar nuestro apoyo tanto al cambio de orientación en el modelo de desarrollo económico como a las necesarias medidas de redistribución, ahorro e inversión que deben acompañarlo:
1.- Redistribución salarial. Nadie por debajo de 1.000 euros de salario mensual, nadie por encima de 10.000 euros mensuales de salario.
Una medida que, además de dotar de un salario digno a millones de trabajadores, generaría un ahorro capaz de cubrir 250.000
nuevos puestos de trabajo.
2.- Reducción de un 20% en los gastos del Estado. La drástica limitación del despilfarro en gastos superfluos, al mismo tiempo que
se incrementan los gastos sociales, permitiría generar un ahorro con el que podrían crearse más de un millón y medio de nuevos
empleos.
3.- El dinero público del rescate bancario (240.000 millones de euros) que se dedique, a través del ICO, a financiar la inversión de las
pymes y el consumo de las familias, a un interés igual al del Banco Central Europeo.
4.- Un sistema fiscal realmente progresivo sobre las rentas individuales. En el que se potencie el ahorro de las rentas más bajas con
un 0% de impuestos y se penalice fiscalmente, hasta con un 90% de gravamen, a las grandes fortunas improductivas.
5.- Un nuevo impuesto sobre los beneficios empresariales, en una escala del 0% al 90%, donde pague más quienes más beneficios
obtiene. Pero sometido a una escala de 10 niveles de desgravación, de acuerdo con el grado de reinversión de los beneficios en la
economía productiva, creando así riqueza y empleo.
Ante la actual situación excepcional, es necesario un programa que recoja estos puntos para salir de la crisis en beneficio de la mayoría. Abriendo el camino a una España más autosuficiente económicamente y con una distribución más justa de la riqueza, que incremente su grado de democracia y de cohesión nacional, y se convierta en un factor de paz y solidaridad entre los pueblos.
Ya no es posible mantener un patrón de desarrollo que nos ha convertido en el país más endeudado del mundo, haciéndonos cada vez más dependientes de la financiación exterior; limitando nuestra economía a satisfacer la demanda de las principales potencias europeas; y encadenándonos a una energía cara y no renovable como el petróleo.
Modelo que ha impuesto una desmedida dependencia del capital extranjero, conduciendo a la quiebra al país y a un aumento desconocido de las desigualdades sociales que, en plena recesión, alcanza proporciones indignantes. Mientras nos precipitamos aceleradamente hacia los cinco millones de parados y miles de pymes se declaran en quiebra, un pequeño puñado de bancos y grandes monopolios siguen declarando escandalosos beneficios.
Para salir de la crisis, España tiene que buscar su propio modelo de desarrollo alternativo y económicamente competitivo. Apostando decididamente por mercados y sectores cualitativos del futuro, como el de las energías renovables, donde España dispone de potencialidades para
jugar un papel destacado e independiente.
Existen recursos para ello si se redistribuye drásticamente la ingente riqueza monopolizada por una ínfima élite financiera, si se procede a un severo programa de ahorro nacional capaz de crear recursos propios, y se destina ese dinero a la inversión productiva y la creación de riqueza y empleo.
En consecuencia con ello, ante las inminentes elecciones europeas e independientemente del sentido de nuestro voto, queremos manifestar nuestro apoyo tanto al cambio de orientación en el modelo de desarrollo económico como a las necesarias medidas de redistribución, ahorro e inversión que deben acompañarlo:
1.- Redistribución salarial. Nadie por debajo de 1.000 euros de salario mensual, nadie por encima de 10.000 euros mensuales de salario.
Una medida que, además de dotar de un salario digno a millones de trabajadores, generaría un ahorro capaz de cubrir 250.000
nuevos puestos de trabajo.
2.- Reducción de un 20% en los gastos del Estado. La drástica limitación del despilfarro en gastos superfluos, al mismo tiempo que
se incrementan los gastos sociales, permitiría generar un ahorro con el que podrían crearse más de un millón y medio de nuevos
empleos.
3.- El dinero público del rescate bancario (240.000 millones de euros) que se dedique, a través del ICO, a financiar la inversión de las
pymes y el consumo de las familias, a un interés igual al del Banco Central Europeo.
4.- Un sistema fiscal realmente progresivo sobre las rentas individuales. En el que se potencie el ahorro de las rentas más bajas con
un 0% de impuestos y se penalice fiscalmente, hasta con un 90% de gravamen, a las grandes fortunas improductivas.
5.- Un nuevo impuesto sobre los beneficios empresariales, en una escala del 0% al 90%, donde pague más quienes más beneficios
obtiene. Pero sometido a una escala de 10 niveles de desgravación, de acuerdo con el grado de reinversión de los beneficios en la
economía productiva, creando así riqueza y empleo.
Ante la actual situación excepcional, es necesario un programa que recoja estos puntos para salir de la crisis en beneficio de la mayoría. Abriendo el camino a una España más autosuficiente económicamente y con una distribución más justa de la riqueza, que incremente su grado de democracia y de cohesión nacional, y se convierta en un factor de paz y solidaridad entre los pueblos.