Pocas cosas de los europeos provocan mi atención; por lo general me deja frío lo que hagan o dejen de hacer ¡están tan lejos!... Pero en alguna ocasión, francamente, consiguen, soy consciente que sin pretenderlo, que me fije en ellos. Normalmente esa atención está provocada por actitudes que en nada benefician a España, lo cual hace tiempo creó en mi espíritu cierto pensamiento.
No obstante, hay que reconocer que la última opinión del presidente francés no debe caer en saco roto. En principio, no es mala señal para la inteligencia del mismo haber detectado en José Luis Rodríguez Zapatero el aspecto más característico de sus cualidades, y no es tampoco negativo para su honestidad haber proclamado su impresión al afirmar que "puede que Zapatero no sea muy inteligente". En fin, felicidades por la deducción; personalmente también me felicito por la honestidad demostrada.
El problema surge cuando desde mi inequívoca posición de español, me planteo qué calificativo debe otorgarse a un pueblo que se deja gobernar por imbéciles.
Sarkozy se ha percatado de la incompetencia de este sujeto tras varias reuniones en las que ha coincidido, y supuestamente tras varias suculentas tajadas que le ha sacado a costa de España, y sin embargo, España, se mantiene incólume ante la degeneración creciente en todos los aspectos de la vida que éste individuo y la cohorte de ineptos que le rodea, le está infligiendo.
Claro que, ¿qué alternativa ofrece la democracia ante tal cúmulo de sinsentidos que atesora éste gobierno?... Lamentablemente, el cúmulo de sinsentidos que atesora la oposición democrática, triste brazo tonto del PSOE que cuando le llega el turno se limita a dar forma, aparentemente menos estúpida, a las iniciativas, siempre contrarias a España y al humanismo, que el PSOE inicia.
Estamos viviendo, a nivel mundial, el fin del liberalismo (¡gaudeamus!); pero España afronta la situación en la peor de las posiciones, porque durante treinta años, los parásitos, instalados en todos los resortes de poder han deglutido todos los activos acumulados por el pueblo español desde que un glorioso primero de Abril de 1939 se acabó como debe acabarse con la cochambre de la que el sistema que nos oprime no es sino puro calco.
Poco inteligente, sí, pero ¿qué podemos decir de un pueblo que se mofaba de quienes aventuraban esta situación, no voy a decir ya hace diez años, sino incluso hace treinta años?... ¿Y que ahora mismo se mofa?
Y todavía hay quién cree que esta cohorte es capaz de arreglar algo que no sea su propio bolsillo. ¡Impresionante!.
Delenda est democratia.