domingo, 27 de julio de 2008

DE LOS MÁS Y LOS MENOS

Los menos, por naturaleza, jamás serán más que los más, pero el concepto de cantidad no es algo que sea determinante.

Frente a la cantidad, la cualidad es el principio que parece tener mayor importancia; así, ni en el desierto será la arena quién determine la importancia de las cosas, ni en la selva será la vegetación, ni en los polos el hielo, ni en el mar el agua salada.

En el desierto, en la selva, en los polos y en el mar, siempre será determinante para la subsistencia el punto concreto donde la humanidad, la inteligencia superior, se concreta, se atrinchera contra el medio hostil y lo somete para el mejor uso al servicio de la humanidad.

Por eso, siendo los menos quienes deben sobreponerse a los más; los mejores quienes deben sobreponerse a los peores; los más inteligentes quienes deben sobreponerse a los más torpes, son los menos quienes deben gobernar a los más, ya que lo contrario, además de ir contra la Naturaleza va también contra la Justicia y contra la Libertad, no sólo de los menos, sino de los
más, porque todos, tanto los más como los menos, tienen la obligación moral de aplicar su talento para el beneficio de la colectividad, y es medida antisocial la marginación, por propia voluntad o por voluntad colectiva no utilizar ese talento

¿Y qué sucede en nuestra sociedad? Justamente lo contrario a lo que nos marca la Naturaleza.

En nuestra sociedad, no solo se eligen los caminos menos propicios para la sociedad, sino que, además, se margina de manera manifiesta a quienes señalan el error. Una sociedad que de manera pomposa proclama que lucha contra la marginación, margina deliberadamente a todo aquel que señala los errores de esa sociedad. Así, es el desierto de arena, y no la arena; la
selva y no las plantas que la componen; el mar y no el agua, quienes determinan lo que debe hacerse en cada ocasión, desoyendo el criterio de los beduinos, de los exploradores, de los marinos, obcecados en encontrar el camino para lograr los objetivos que redunden en beneficio de todos.

Pero el sistema, que ya fuese criticado por Sócrates, no da ninguna opción sino la condena a la cicuta. Cicuta que, de momento, es sólo espiritual y conocida como marginación y silencio, pero que intuyo más que probable con aplicación física en un futuro no excesivamente lejano.

Y es que la masa no acepta el pensamiento crítico; no acepta, en definitiva, el pensamiento, porque el pensamiento no es producto de una colectividad compuesta de personas incapaces de dirigirse a sí mismas y que se abrogan el derecho colectivo de dirigir a la sociedad entera, sino de mentes individuales, capaces de abstraerse a la colectividad y que desde esa abstracción, unas veces de forma humanista, otras de forma materialista (sí, reconozco cualidad de pensadores a los padres de la filosofía hoy imperante, aunque no de honestos), generan ideas que influyen y modelan la sociedad.

Uno de los fallos principales de la sociedad democrática es justamente creer que la generación de pensamiento es cualidad de la masa. Por supuesto, quién produce ese pensamiento no cree en la máxima proclamada, sino que conoce las virtudes de la misma, que no son otras que acaparar la fuerza de la misma masa alagada por la sentencia, y que es incapaz de comprender que el producto final repercutirá en más miseria humana, en más esclavitud individual de la persona y en beneficio de un etéreo ser social que no atiende las servidumbres que le son propias como la familia, sino las servidumbres que le son ajenas, como los partidos políticos o las taras sociales, que pasan a ocupar el primer lugar de la preocupación social, pero no como problemas a resolver, sino como cáncer social acaparador de derechos que le resultan ajenos; cáncer para el que no se reclama acción terapéutica, sino cáncer que reclama se le reconozca normalidad, lo que conlleva concepción de anormalidad a lo que por naturaleza es normal.

Lo curioso en este caso es que, para lo negativo, para oprimir a la mayoría, la democracia sí atiende a las minorías, cuanto más exiguas mejor. La democracia reconoce los derechos más antinaturales que imaginarse pueda, acogiéndose al principio del "derecho de las minorías"; derecho que, por cierto no es reconocido a quienes denuncian los perpetuos abusos contra-natura.

Quienes tal hacen, sean minorías exiguas o minorías amplias, son sencillamente marginados, ocultados, acallados de manera vergonzante, al tiempo que atacados por las instituciones públicas y muy especialmente por los llamados medios de comunicación (por otros conocidos como medios de manipulación).

Mediante el uso de películas de ficción, noticias manipuladas, tergiversaciones, y mentiras directas, el sistema ataca toda concepción espiritual y humanista; a la familia (que para mayor inri apellidan "tradicional", como si acaso existiese una "moderna"), a la concepción moral
de la sociedad, de la vida, de la persona, al tiempo que da alas al vicio, a la homosexualidad y al asesinato, presentando esos aspectos como derecho y cosa natural.

Y todo, en un halo de modernidad y de rechazo hacia lo que no consideran como tal, sin caer en la cuenta que nada hay antiguo o moderno; que todas esas concepciones que se están barajando, hace milenios que se vienen barajando, unas y otras, porque en definitiva, nos encontramos en un campo de batalla entre el Bien, con mayúscula, y el Mal, también con mayúscula.

Bien y Mal que filosóficamente y físicamente tienen delimitados sus términos; Bien y Mal que tienen sus pensadores, enfrentados. En tiempos de la Grecia clásica, los filósofos se enfrentaron a los sofistas; los sofistas, los sabios, hoy como ayer se muestran pletóricos y poderosos, y si
ayer usaron la cicuta para imponerse a los filósofos, hoy son las únicas voces que se escuchan, porque en su sabiduría controlan los medios de manipulación social, convertidos en la nueva cicuta de la libertad, y son capaces de conseguir el apoyo de las masas y del dinero, con los que actúan a sus anchas sin oposición y sin importarles lo que quienes escapan a su sabiduría puedan manifestar, porque sencillamente, al carecer de altavoces que proclamen sus ideas, es como si no existieran. Estas minorías, así, son las minorías incómodas; las destinadas al ostracismo; las que no merecen la pena; las que no deben ser escuchadas, y aquellas sobre las que se puede decir cualquier barbaridad porque, sencillamente, no van a tener oportunidad
de réplica.

martes, 15 de julio de 2008

EUFEMISMOS DEL DIA A DIA

No dejo de admirarme a diario cuando por cualquier circunstancia, algún agente del sistema abre su boca. Inequívocamente, si debe tratar algo de mínima importancia, maneja los eufemismos: subsahariano, magrebí, transexual, género, estado español, castellano,. o reiteraciones o imposiciones de palabras inexistentes y engañosas que, como "gai", pueden resultar gravemente ofensivas para personas que llevan ese apellido, obviando el uso correcto del lenguaje y dando  muestra inequívoca de la inseguridad que tienen en sí mismos, y al fin, de su incompetencia.

Están creando un idioma acorde a sus medidas; encorsetado a la cortedad de sus mentes, y esclavo; al fin tan esclavo como esclavo es el propio pueblo español a la estupidez manifiesta de sus opresores.

El eufemismo es, así, consubstancial al sistema democrático, que actúa como apisonadora en todos y cada uno de los aspectos de la vida, dejando su horrible y despiadada impronta. Y es que el eufemismo permite al sistema continuar oprimiendo e incrementado paulatinamente la opresión, al tiempo que aliena  las mentes ya adormecidas de un pueblo cada día más drogado con una propaganda manipuladora hasta extremos desconocidos, y que permanece conectada a unos medios de telemanipulación sin los cuales cree ser incapaz de sobrevivir.

Y para que el sistema nos de la patente de ciudadanos sólo nos queda una opción: asumir como cierto que nuestra libertad es justamente lo que nos repiten machaconamente quienes nos oprimen; a saber: verdad es lo que "opina" una mayoría de personas sometidas al bombardeo constante de una propaganda emanada de unos intereses que resultan ajenos al pueblo, y mentira la opinión de las personas independientes que se resisten a ser incluidas en el redil; que permanecen libres y ajenas a las instrucciones del sistema.
Éstos, quienes se mantienen fuera del redil son automáticamente descalificados, marginados, acallados. y en un futuro no tan lejano. con toda seguridad serán eliminados para garantizar la seguridad del redil.

En los medios de comunicación, en la Universidad, en cualquier foro público, la opción que tiene quien no se muestra sumiso y alienado al sistema es, sencillamente, la de espectador. A él jamás se le pedirá opinión; jamás se le dará voz. Como mucho, se elegirá alguna frase fuera de contexto para que el incompetente de turno al servicio del sistema pueda lucir su conocimiento de frases hechas y su pensamiento teledirigido.

Y es que al sistema no le interesa la existencia de personas pensantes, sino de súbditos que identifiquen con "libertad" su estado de esclavitud mental, y que vean como enemigos a quienes, bastante mejores que ellos, se ven marginados y condenados al ostracismo; que vean como enemigos justamente a aquellas personas que, llegado el caso serán justamente quienes les liberen.

sábado, 12 de julio de 2008

ZAPATERO MIENTE

Zapatero felicita a Álvaro Uribe por la liberación de Ingrid Betancur, hasta el día 3 de Julio en poder de los terroristas de las FARC, y personalmente creo que Zapatero, para no desentonar consigo mismo, con la clase política, y con la democracia, sencillamente miente.

Nada nuevo bajo el sol en lo referente a la sinceridad, ni en lo referente al trato con terroristas. Pocas fechas antes, el sistema democrático y la monarquía que lo sustenta, no en Colombia, donde no tiene jurisdicción, sino en España, donde sí la tiene, puso en libertad a un terrorista sobre el que también tenía jurisdicción, Asier Arronategui. Y también es de destacar el posicionamiento que esta misma democracia asentada en España ha mantenido justamente con los terroristas de las FARC. Al cabo, entre impresentables queda el asunto.

Es el caso que todo sigue igual, o lo que es peor, todo sigue por el mismo camino del mal. Asier Arronategui, libre en su régimen de libertades; en el mismo régimen que para otros entre los que me incluyo es un régimen de opresión, e Ingrid Betancur, desvirtuando el valor de la Hispanidad y abriendo camino, a costa de la Hispanidad, a Europa y en concreto a Francia.

El protagonismo alcanzado por Francia en el asunto de la liberación de esta señora sobrepasa todos los límites. Cierto que, dada la actual situación de postración que padece España, es difícil pretender que esta porción de la Patria Hispánica desarrolle las funciones que le corresponden; ¿a qué personaje físico van a recurrir, si el mejor es un mal maquillado masón? Es lógico, así, que directamente, sea insultado el concepto de Hispanidad recayendo el protagonismo en quién ha recaído, y marginando a España.

Todo anda en sazón, y a quién tendría que felicitar Zapatero, no es a Álvaro Uribe, quién está desarrollando una titánica actuación contra el terrorismo y contra quienes echan capotes políticos a los terroristas, sino a los hermanos masones que han sabido tratar lo actuado con una exquisitez digna de encomio.

domingo, 6 de julio de 2008

LA

Es terrible cuando quieres escribir sobre algún tema y te das cuenta que te has quedado sin palabras.

Eso, justamente, es lo que acaba de sucederme. Tan sólo me he quedado con un artículo, "la". Ni tan siquiera es una nota musical, pues le falta el restodel pentagrama. La triste realidad es que me he quedado con un artículo, femenino y singular, eso sí, sobre todo singular, pero me he quedado sin eladjetivo y sin nombre, cosa que es de suma gravedad.

¿Y dónde está el nombre?; ¿dónde está el adjetivo?... En vías de la más atroz de las descomposiciones. En vías de pura y simple extinción por desidia y cobardía de los más, por perfidia de los menos, y por desconfianza y falta de fe de los mejores.

Y es que los menos, la oligarquía caciquil que parasita España. y la Hispanidad entera, tiene una clara metodología que, inexorable, aplica sin piedad, obteniendo los resultados por ella deseados; a saber: la destrucción de la intelectualidad y la destrucción de España.

¡Gaudeamus!, a pesar de todo va apareciendo, velado, lo que en un principio habíadesaparecido. El adjetivo, por lo que se ve, es "española". La oligarquía caciquil casi ha conseguido erradicar la palabra del diccionario.
Ya la ha erradicado de la lengua, a la que ha rebajado a "castellano", en un crimen lingüístico sin precedentes. Pero ¿y el nombre?, ¿qué nombre es el que se resiste a aposentarse en mis entendederas?... ¡Ah!, ya, ya ha aterrizado; el nombre no es otro que el que designa la institución que debiera velar por el conocimiento y la verdad. El nombre buscado; el nombre
que ya no suena a nada sino a palabra hueca, no es otro que "universidad".

En otros tiempos, cuando España era España, la Universidad era Universidad, y en ella, las personas independientes y pensantes, tenían la oportunidad de desarrollar sus neuronas y de transmitir sus conocimientos, sacando a la sociedad de la indigencia espiritual. Pero claro, eso no es, ni de lejos, democrático, ya que al fin, acaba reconociendo la superioridad de un
pensamiento maduro sobre una ocurrencia simpática. o antipática, independientemente que el pensamiento maduro sea reconocido por la mayoría o no.

Y en ese punto justo estamos; en el punto en que, hoy, no podemos referirnos a "La Universidad Española", sino exclusivamente a "la", y es que ni el nombre ni el adjetivo son políticamente correctos. Pero "la", ¿qué?.... La nada. Demócrito, con toda seguridad nos aclararía que el adjetivo es un átomo indestructible viajando en el más absoluto de los vacíos.

Pero alguien espetará que nunca antes han existido tantas instituciones que llevan el nombre de "universidad". Y tendrá razón. Tanta razón como quién afirme que nunca han  existido menos intelectuales adscritos a la universidad como ahora mismo sucede.

Titulados, sí, a miles. Intelectuales con carnet, también a miles. Pero da verdadera pena que entre tanto intelectual oficial no destaque uno solo por su capacidad de pensamiento crítico. Y eso, ¿por qué sucede?. ¿Por qué es común entre un número ingente de profesores universitarios tenga que escucharse el triste "soy de letras" o "soy de ciencias" cuando ante una
cuestión elemental denotan no tener más que un tenue barniz cultural?. A Dios gracias no hablamos del 100%. ¡A Dios gracias!...

Y es que, evidentemente, el sistema lo tiene todo controlado y bien controlado. Tan controlado lo tiene que la mayoría de los oprimidos son esclavos en el convencimiento pleno de que su esclavitud es la máxima libertad que pueden anhelar. Han convertido a la población en pájaros con las alas cortadas; pájaros de jaula que cuando ven la puerta abierta se llenan de pánico y se esconden en el último rincón, sin atreverse tan siquiera a otear el exterior, aduciendo cualquier frase perfectamente hilvanada por sus amos y que justifica su estado de prisionero. Todo lo que
hace el amo, desde el asesinado de los neonatos hasta la última bestialidad ideada por sus mentes inhumanas, es asumido por los pájaros enjaulados como propio, en un fatalismo estúpido basado en la creencia de que lo que sucede es voluntad de la mayoría, y que la mayoría, por supuesto siempre tiene razón, sin caer en la cuenta que la voluntad de la mayoría, inexorablemente, es manipulada por alguna minoría, y por supuesto, la minoría impositora, en
nuestro triste momento histórico, no es precisamente la mejor. No es la aristocracia la que legisla, sino la oligocracia. Y repito oligocracia, aún en el conocimiento de que no existe la palabra como tal, porque siendo oligarquía la imperante, el gobierno de los pocos, afirmo que, además, es el gobierno de los peores, y manifiesto mi incapacidad lingüística para definir
con exactitud la cualidad de éstos.

Y la Universidad, carente de espíritu crítico, se alimenta de mediocridades  y corta el paso a quienes podrían alumbrar para España un nuevo horizonte. Pero no, esos no son admitidos ni como bedeles en la universidad, porque lo que se precisa es sumisión, no capacidad intelectual.

Así, por ejemplo, para concursos a catedrático, cuenta para el currículo el haber asistido a cursos. pero no cuenta haber impartido esos mismos cursos. Es un ejemplo; sólo un ejemplo. y nada menos que un ejemplo. Y lo que es más triste, ni es la única estupidez aplicada para el asunto, ni la más importante.

¿Y cual es resultado?... El deseado por el sistema, ni más ni menos ¿Dónde está el Miguel de Unamuno de 2008?... ¿Y el Julián Marías?.... ¿Y el Ortega?... ¿Y el Claudio Sánchez Albornoz?... Desde luego, en la Universidad, no.

En su lugar, la máxima aspiración del sistema es colocar al zopenco mayor como rector. Mientras maquinan cómo conseguir el objetivo, experimentan colocando como "menistros" y "menistras" a los zopencos mayores que van encontrando por el camino, siendo indiferente la cartera que puedan ocupar, ya de educación, ya de no sé qué de género.

En fin, que vivimos el mejor de los mundos posibles, ¡qué le vamos a hacer!, si no hay lo que tiene que haber.