Es terrible cuando quieres escribir sobre algún tema y te das cuenta que te has quedado sin palabras.
Eso, justamente, es lo que acaba de sucederme. Tan sólo me he quedado con un artículo, "la". Ni tan siquiera es una nota musical, pues le falta el restodel pentagrama. La triste realidad es que me he quedado con un artículo, femenino y singular, eso sí, sobre todo singular, pero me he quedado sin eladjetivo y sin nombre, cosa que es de suma gravedad.
¿Y dónde está el nombre?; ¿dónde está el adjetivo?... En vías de la más atroz de las descomposiciones. En vías de pura y simple extinción por desidia y cobardía de los más, por perfidia de los menos, y por desconfianza y falta de fe de los mejores.
Y es que los menos, la oligarquía caciquil que parasita España. y la Hispanidad entera, tiene una clara metodología que, inexorable, aplica sin piedad, obteniendo los resultados por ella deseados; a saber: la destrucción de la intelectualidad y la destrucción de España.
¡Gaudeamus!, a pesar de todo va apareciendo, velado, lo que en un principio habíadesaparecido. El adjetivo, por lo que se ve, es "española". La oligarquía caciquil casi ha conseguido erradicar la palabra del diccionario.
Ya la ha erradicado de la lengua, a la que ha rebajado a "castellano", en un crimen lingüístico sin precedentes. Pero ¿y el nombre?, ¿qué nombre es el que se resiste a aposentarse en mis entendederas?... ¡Ah!, ya, ya ha aterrizado; el nombre no es otro que el que designa la institución que debiera velar por el conocimiento y la verdad. El nombre buscado; el nombre
que ya no suena a nada sino a palabra hueca, no es otro que "universidad".
En otros tiempos, cuando España era España, la Universidad era Universidad, y en ella, las personas independientes y pensantes, tenían la oportunidad de desarrollar sus neuronas y de transmitir sus conocimientos, sacando a la sociedad de la indigencia espiritual. Pero claro, eso no es, ni de lejos, democrático, ya que al fin, acaba reconociendo la superioridad de un
pensamiento maduro sobre una ocurrencia simpática. o antipática, independientemente que el pensamiento maduro sea reconocido por la mayoría o no.
Y en ese punto justo estamos; en el punto en que, hoy, no podemos referirnos a "La Universidad Española", sino exclusivamente a "la", y es que ni el nombre ni el adjetivo son políticamente correctos. Pero "la", ¿qué?.... La nada. Demócrito, con toda seguridad nos aclararía que el adjetivo es un átomo indestructible viajando en el más absoluto de los vacíos.
Pero alguien espetará que nunca antes han existido tantas instituciones que llevan el nombre de "universidad". Y tendrá razón. Tanta razón como quién afirme que nunca han existido menos intelectuales adscritos a la universidad como ahora mismo sucede.
Titulados, sí, a miles. Intelectuales con carnet, también a miles. Pero da verdadera pena que entre tanto intelectual oficial no destaque uno solo por su capacidad de pensamiento crítico. Y eso, ¿por qué sucede?. ¿Por qué es común entre un número ingente de profesores universitarios tenga que escucharse el triste "soy de letras" o "soy de ciencias" cuando ante una
cuestión elemental denotan no tener más que un tenue barniz cultural?. A Dios gracias no hablamos del 100%. ¡A Dios gracias!...
Y es que, evidentemente, el sistema lo tiene todo controlado y bien controlado. Tan controlado lo tiene que la mayoría de los oprimidos son esclavos en el convencimiento pleno de que su esclavitud es la máxima libertad que pueden anhelar. Han convertido a la población en pájaros con las alas cortadas; pájaros de jaula que cuando ven la puerta abierta se llenan de pánico y se esconden en el último rincón, sin atreverse tan siquiera a otear el exterior, aduciendo cualquier frase perfectamente hilvanada por sus amos y que justifica su estado de prisionero. Todo lo que
hace el amo, desde el asesinado de los neonatos hasta la última bestialidad ideada por sus mentes inhumanas, es asumido por los pájaros enjaulados como propio, en un fatalismo estúpido basado en la creencia de que lo que sucede es voluntad de la mayoría, y que la mayoría, por supuesto siempre tiene razón, sin caer en la cuenta que la voluntad de la mayoría, inexorablemente, es manipulada por alguna minoría, y por supuesto, la minoría impositora, en
nuestro triste momento histórico, no es precisamente la mejor. No es la aristocracia la que legisla, sino la oligocracia. Y repito oligocracia, aún en el conocimiento de que no existe la palabra como tal, porque siendo oligarquía la imperante, el gobierno de los pocos, afirmo que, además, es el gobierno de los peores, y manifiesto mi incapacidad lingüística para definir
con exactitud la cualidad de éstos.
Y la Universidad, carente de espíritu crítico, se alimenta de mediocridades y corta el paso a quienes podrían alumbrar para España un nuevo horizonte. Pero no, esos no son admitidos ni como bedeles en la universidad, porque lo que se precisa es sumisión, no capacidad intelectual.
Así, por ejemplo, para concursos a catedrático, cuenta para el currículo el haber asistido a cursos. pero no cuenta haber impartido esos mismos cursos. Es un ejemplo; sólo un ejemplo. y nada menos que un ejemplo. Y lo que es más triste, ni es la única estupidez aplicada para el asunto, ni la más importante.
¿Y cual es resultado?... El deseado por el sistema, ni más ni menos ¿Dónde está el Miguel de Unamuno de 2008?... ¿Y el Julián Marías?.... ¿Y el Ortega?... ¿Y el Claudio Sánchez Albornoz?... Desde luego, en la Universidad, no.
En su lugar, la máxima aspiración del sistema es colocar al zopenco mayor como rector. Mientras maquinan cómo conseguir el objetivo, experimentan colocando como "menistros" y "menistras" a los zopencos mayores que van encontrando por el camino, siendo indiferente la cartera que puedan ocupar, ya de educación, ya de no sé qué de género.
En fin, que vivimos el mejor de los mundos posibles, ¡qué le vamos a hacer!, si no hay lo que tiene que haber.
domingo, 6 de julio de 2008
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